viernes, 22 de febrero de 2013

El centro del mundo, 3 nouvelles calientes.


¿Hasta dónde puede llegar un relato a meterse de lleno en el tira y afloja de los cuerpos entregados a lo suyo? De la mano de Ercole Lissardi podemos encontrar una respuesta. En El centro del mundo, el libro que reúne tres de sus nouvelles más calientes, la idea es llevar las cosas al extremo sin por eso perder la forma.
El deseo impone sus reglas en medio de la faena y el escritor uruguayo -figura de culto en su país natal- compite en el tema como pocos. Del orden de la orfebrería literaria, el relato que abre el libro y le da su nombre se posiciona como un lugar desde el que es posible decirlo y contarlo todo, mientras que La diosa idiota hace de la rabia su pura intensidad y La educación burguesa cierra desde una perspectiva más cercana a la de la política familiar.
Y entre los tres, un hilo conductor: el pulso tenso (al borde de la pornografía) de un autor que se impone como uno de los más bravos, claros y contundentes de la literatura rioplatense. A disfrutarlo sin pena y sin culpa.


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Una entrevista al autor publicada en la Revista Ñ el día 20 de febrero de 2013:

"Cuando el deseo arremete contra la mujer de tu amigo, no le importa nada"
Entrevista con el escritor uruguayo Ercole Lissardi, autor de literatura erótica.
POR Mauro Libertella


No hay nadie como Ercole Lissardi en Latinoamérica. Nadie que escriba libro eróticos con una mezcla tan poderosa de densidad lírica y palabras concretas y al grano. Se sabe de Lissardi que nació en Uruguay, que llegó a dirigir un noticiero nacional y que a los 45 años largó todo para dedicarse a la literatura. Rápidamente se mostró como un autor prolífico, y sus textos, en general breves, empezaron a calentar a los países del Río de la Plata a medida que fueron circulando de mano en mano. Ahora llega por primera vez una edición argentina de Lissardi, con El centro del mundo, un libro que reune tres novelas breves, que pueden servir como puerta de entrada a una obra extraña y estimulante.
–¿Fue diferente la lectura de tus textos en Uruguay y acá?
–Completamente. En Uruguay se me leyó desde donde se me puede leer, que es desde la izquierda. La cultura es predominantemente de izquierda ahí. Y la izquierda es pacata. Si uno estudia la cultura de la Unión Soviética, por ejemplo, es completamente reprimida. Una lectura típica fue: “Qué buen escritor, pero hace pornografía”. Y en el contexto de una sociedad pacata, la palabra “pornografía” es una acusación. Es llamar a la policía. Ha habido una lectura desde un sesgo represivo. En Uruguay la censura eclésiástica fue reemplazada por la censura de izquierda. Y hablo desde la izquierda, pasé diez años en el exilio por mi militancia de izquierda. En el medio cultural argentino, que es mucho más amplio, hay más vectores de lectura.
–El arte erótico arrastra estigmas, ¿no?
–Bueno, en una sociedad pacata hay cosas que se dicen y cosas que no se dicen. El arte erótico debería sugerir pero no mostrar. Ese es un anacronismo que se arrastra. La distinción entre erotismo y pornografía tuvo sentido en un determinado momento y lugar, en este mundo en que vivimos no tiene sentido. Pero se siguen repitiendo esas cosas.
–¿Qué necesitas tener en la cabeza para empezar un libro?
–Dos cosas. Una imagen o una frase, que si me revolotea cinco o seis días, se que hay una historia. La otra cosa que necesito es una voz. Yo escribo a mano: cuando apoyo la punta del lápiz en el papel, tiene que estar la voz que narra. En “La diosa idiota” es un tipo que está irritado y furioso, porque vivió una cosa tremenda que no terminó de entender y que ahora, cuando la recuerda, tampoco la entiende del todo. Entonces escribe como un tipo irritado, y eso se tiene que escuchar. En “La educación burguesa”, en cambio, yo sentía que tenía que escribir como en una superficie aterciopelada. Todo tiene que ser suave. Y cuando finalmente se empieza a ver cuál era el juego, uno siente la puñalada. Pero hasta ahí, todo tenía que ser suave, y de ese modo lo escribí.
–Metés en tus relatos figuras asociadas a lo prohibido: la compañera del trabajo, la vecina, la novia del amigo, la infidelidad...
–Creo que el deseo es una fuerza, que surge de nuestro interior y nos lanza hacia una persona, no sabemos buscando qué, ni cuándo se agota. Como somos seres civilizados, tenemos coraza y buscamos que el deseo no dirija nuestros actos: reprimimos. Cuando se produce el deseo, lo frenamos. Pero el deseo como fuerza desmantela las convenciones, atraviesa las cosas correctas, desestructura todo. Por eso, cuando el deseo arremete contra la mujer de tu amigo, me interesa porque es ese lugar en el que el deseo atraviesa esa convención, no le importa nada.
–No puedo evitar preguntarte por “50 sombras de Grey”, como fenómeno erótico mundial.
–Fui a una librería, cosa que rara vez hago, picoteé por acá y por allá, y con todo respeto, no tuve feeling alguno con esa novela. Ahora, ¿por qué ese éxito? Entre 1970 y 1975 se cayó la censura en cuanto a representaciones de la sexualidad. Cuando Garganta profunda recibió la aprobación para ser proyectada comercialmente, fue el fin de la censura. Eso lo aprovechó la industria de la pornografía, que llegó a ser uno de los ramos industriales más poderosos del planeta. Ellos aprovecharon la caída de la censura. Pero la televisión, por ejemplo, no aprovechó esa libertad. En los últimos años, ahí sí, la industria del entretenimiento decidió aggiornarse . La serie “Girls” es un ejemplo. ¿Es tardío? Sí, pero sucedió. Yo como escritor de erótica sabía hace unos años que esto iba a pasar. Era previsible, porque venían sujetando la cosa, y en un determinado momento el dique explota. Con el nivel de pornografía que hay en nuestra sociedad, la gente ya estaba más que lista para que abran las fronteras.


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