martes, 8 de octubre de 2013

La nueva novela de Joyce Carol Oates


«Probablemente la mejor escritora norteamericana viva. Todo un clásico sobre el que aletea el Nobel.»
Elena Hevia, El Periódico de Catalunya


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Abandonada por su propia madre en la ribera del río Black Snake, la pequeña «niña de barro» sobrevive gracias al azar, o quizá al destino. La bienintencionada pareja que la adopta procura sepultar su pasado. Pero el pasado siempre vuelve.
Meredith Neukirchen es la primera mujer que accede al rectorado de una de las ocho prestigiosas universidades de la Ivy League. Una mujer volcada en su carrera profesional y con un fervor moral muy absorbente. Sin embargo, en plena emergencia de una crisis política y en el transcurso de una prolongada relación sentimental secreta, Meredith se topa con una serie de amenazas a su liderazgo que la pondrán a prueba como ella jamás hubiese sospechado. Más tarde, deberá enfrentarse a aquella «niña de barro» que creía haber dejado atrás para siempre. ¿Cómo escapar cuando la inteligencia y el idealismo feroz que antaño la liberaron ponen ahora en peligro su presente?


lunes, 7 de octubre de 2013

“El Condotiero”, de Georges Perec


Perec declaró que “El Condotiero” fue la primera novela que consiguió escribir. Medio siglo después de su redacción –entre 1957 y 1960– y treinta años después de la muerte del escritor, el 3 de marzo de 1982, descubrimos una obra de juventud de la que se había perdido el rastro y que ha sido milagrosamente recuperada.
Gaspard Winckler, el héroe de la novela, se ha dedicado durante meses a pintar un Condotiero falso, una copia perfecta que no tiene nada que envidiar al expuesto en el Louvre que pintara Antonello da Messina en 1475. Pero Gaspard, príncipe de los falsificadores, no es más que el simple ejecutor de las órdenes de Anatole Madera. Y, como en una novela policíaca, la primera página del libro se abre con el asesinato de Madera por Winckler. ¿Por qué esa muerte? ¿Por qué Gaspard Winckler siente que ha fracasado en su proyecto de igualar a Antonello da Messina? ¿Qué buscaba queriéndose convertir en un virtuoso de lo falso? ¿Qué deseaba captar en esa imagen de fuerza y de poder que transmite el rostro del guerrero? ¿Y por qué vive el asesinato de Madera como una liberación?
El tema de la impostura recorre toda la obra de Perec. Un personaje de ficción llamado Gaspard Winckler vuelve a aparecer en otras novelas del autor como “La vida instrucciones de uso” y “W o el recuerdo de la infancia”. Y “El gabinete de un aficionado”, la última novela que el escritor francés publicó en vida, es una prodigiosa construcción erigida en torno a los hechizos de la copia y de lo falso. “El Condotiero” permite entrever lo que está en juego en esta búsqueda: la conquista de lo verdadero a través de la falsificación.



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sábado, 5 de octubre de 2013

La literatura de Tobias Wolff


En “Vida de este chico”, Tobias Wolff narra sus recuerdos de niño y adolescente, cuando, divorciados sus padres, recorría con su madre con la que formaba una auténtica «pareja telepática» las carreteras de Estados Unidos de un lado a otro del país. Toby o Jack, como le gusta llamarse a sí mismo en homenaje a su adorado Jack London absorberá entre mapas, whisky, peleas a puñetazos, amistades y traiciones, la esencia de esa América de los años cincuenta que marcará irremediablemente su juventud. Una juventud con toques minimalistas y dickensianos a un tiempo y que sirve aquí a su autor para trazar con humor y ternura el retrato de un tiempo pasado en el espejo de su propia imagen.


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Revista Ñ, 20/09/13
Tobias Wolff: “La memoria le da forma a las cosas”
Tras una adolescencia tumultuosa, llena de episodios de delincuencia, descubrió su ambición de ser escritor y junto a Raymond Carver y Richard Ford se convirtió en uno de los referentes del “realismo sucio”. Antes de participar en el FILBA, Wolff habla aquí de sacrificio y mala escritura.

La obra de Tobias Wolff –considerado hace tiempo uno de los preeminentes narradores de la literatura contemporánea estadounidense– se divide en tres géneros: cuento corto, memorias y novelas. Por sus cuentos cortos, que constituyen la mayoría de su obra, en algún momento fue encasillado en una escuela denominada el “realismo sucio”, junto con Richard Ford y su amigo Raymond Carver, entre otros. El periodista Bill Bufford, editor de la revista Granta, inventó este término para designar los autores estadounidenses que, alrededor de los años ochenta, se pusieron a escribir en un estilo minimalista e híper-realista sobre vidas grises al margen del sueño americano. Aunque aplica, Wolff siempre rechazó ese rótulo.
Tanto en los Estados Unidos como en el mundo, Wolff es más conocido por su libro de memorias Vida de este chico, de 1989, en parte porque fue adaptada exitosamente al cine en 1993 con Leonardo DiCaprio y Robert De Niro en los papeles principales. Este libro, junto con la novela Vieja escuela (2003) se deberían leer juntos, uno tras otro, porque serían algo así como dos volúmenes de la vida de Wolff –aunque una sea memoria y la otra ficción.
Los padres de Wolff se separaron cuando él era todavía un niño. Se quedó con su madre en tanto su hermano (que también terminó siendo autor y escribiendo una memoria sobre su adolescencia) se quedó con el padre. La madre de Wolff era soñadora y viajera y se mudaba con frecuencia en busca de esa gran oportunidad que le modificara la vida. Nunca la encontró. En cambio, se terminó casando con un hombre mezquino y tirano que los llevó –madre e hijo– a vivir a un pequeño pueblo industrial llamado Concreto (porque la industria exclusiva del pueblo era fabricar hormigón). Allí, Wolff pasó su adolescencia, dividiendo su tiempo entre los boy scouts y una vida llena de crónicas de delincuencia.
Se salvó de ese mundo delictivo postulando a una beca para asistir a una prestigiosa y tradicional escuela privada de la Costa Este. Pero lo hizo con trampa, falsificando cartas de recomendación y los datos de su currículum académico. Sólo duró dos años. Aunque le iba bien en las materias de letras no estaba preparado para las exigencias de las clases de ciencias y matemáticas. Fue expulsado antes de graduarse. Sin saber qué hacer de su vida y ya con la idea de que iba ser escritor, entró voluntariamente en el ejército, en plena guerra de Vietnam. Sobre su experiencia en combate escribe en otro gran libro de memorias, En el ejército del faraón , publicado en 1994.
Al terminar el ejército Wolff logró una extraordinaria hazaña entrando –esta vez por puro esfuerzo y sin trampa– a la universidad de Oxford. Allí estudió Letras. Desde entonces, su vida ha estado dedicada a la escritura. Mientras tanto se ha ganado la vida como profesor de Escritura Creativa en varias universidades de los Estados Unidos, y desde 1997 en Stanford.
Tanto en su escritura como en su apariencia y en la modulación de su voz, Wolff es un hombre medido, sobrio y contundente. Tras una adolescencia tumultuosa culminada por servicio de combate en Vietnam, se dedicó a la difícil meta de convertirse en escritor. Al final de En el ejército del faraón , Wolff escribe: “Al escribir trabajas por un resultado que durante años no conseguirás ver y no puedes asegurar que lo terminarás logrando. Requiere fuerza y maestría sobre uno mismo. Demanda estas cosas de ti, y después te las devuelve con un algo extra, una sorpresa para seguir con ese esfuerzo. Te fortalece y te limpia la cabeza. Lo sentía mientras ocurría. Me estaba salvando la vida con cada palabra que escribía.” Hablamos con Wolff por teléfono a fines de agosto, antes de su llegada a Buenos Aires invitado al FILBA. Lo queríamos aprovechar tanto como profesor de escritura como escritor en sí.

Para entender sus motivaciones al elegir en qué género va a escribir cuando encara un libro, le pregunto: ¿“Vieja escuela” podría haber sido escrita como memoria y “Vida de este chico” como novela?
Me parecía que al escribir Vieja escuela –tomaré ese caso primero–, para darle poder a esa narración, realmente necesitaba inventar y comprimir bastante. Y una vez que comienzas a inventar concientemente, tienes que reconocer lo que estás haciendo y decirte a ti mismo: estoy escribiendo ficción. Una vez que te has anunciado que estás escribiendo ficción te has dado una gran libertad. Puedes hacer o decir lo que quieras. Entonces, muchos de los eventos que ocurren en Vieja escuela nunca sucedieron. Algunos sí. Robert Frost visitó nuestra escuela, entre otros escritores. Pero inventé mucho de lo que él dice. Yo soy más joven que el narrador de mi libro. Y como un niño más joven dentro de los grados me tocó sentarme en uno de los asientos de atrás cuando vino Frost a mi colegio a dar un discurso, entonces ni escuché demasiado. Pero la invención en el libro me permitió darle una forma a la narrativa que mi experiencia verídica no hubiera tenido. Como una memoria no lo podría haber llevado al punto tan decidido como hice en la ficción. Por otro lado, me parece que mi crianza, vista de cierta manera, tenía una forma narrativa. Obviamente, siempre estamos dándole forma al pasado cuando lo describimos. Estas omitiendo cosas, estamos enfatizando otras. Y la memoria en sí misma es una narradora. La memoria le da forma a las cosas. Hay un proceso inconsciente de dar forma que ocurre aun antes de que comiences a escribir desde la memoria. Y con las elecciones que tomas, estás dando forma otra vez más. Pero en el caso de Vida de este chico no inventé. Las cosas que escribo sucedieron de verdad: de la forma que pasaron y en los tiempos que digo que pasaron. Me hice responsable de esto porque al libro iban a leerlo mi hermano, mis amigos, mi familia. En un sentido, entonces, escribí ese libro bajo la mirada de otras personas. Ellos sabían qué era verdad y qué no. Nunca discutieron mi visión de los eventos.

Por más que sea una novela, una memoria o un cuento corto, ¿cree que son diferentes caminos para llegar a una misma emoción o para llegar a un mismo fin?
No lo pienso de esa manera. Pero el resultado puede ser que el trabajo produzca un efecto similar y que tenga preocupaciones en común. Sin duda mi trabajo –cuando miro hacia atrás– está preocupado por las preguntas sobre la autenticidad y la identidad. ¿Cómo se define uno a sí mismo? ¿Cómo te conviertes en quien eres? ¿Cuáles son las cosas que hacen que una persona sea quien es? ¿Cuánto de eso está formado deliberadamente? ¿Es elegido? Todo ese tipo de preguntas entran en mi trabajo. Y me interesa el papel de la imaginación en la identidad humana. Creo que, hasta cierto punto, nos damos vida a nosotros mismos imaginándonos [ we imagine ourselves into being ]. Sólo podemos ser quienes nos imaginamos ser. Por esa razón, no empiezo diciendo algo como: “Bueno, este cuento va ser sobre el papel de la imaginación...” No, eso no. Pero cuando llego al final de una pieza puedo ver que eso, realmente, fue el principio que guiaba la narración. Entonces, al revisarlo, puedo dar mayor forma y fuerza a lo que fuera el impulso de la pieza.
Sin embargo, debo confesar que me meto en cada texto con un cierto sentido de misterio y curiosidad sobre qué es lo que voy a descubrir. No es que diga: ok, esto es lo que le voy a decir al mundo en esta obra, este será mi sermón del día.

¿Sería correcto decir que a través de su obra hay una búsqueda de convertirse en autor y que haberlo logrado fue la manera de conseguir ser auténtico? ¿Podría haber logrado esa autenticidad del ser sin haberse convertido en escritor?
Bueno, dado que soy uno, no lo sé. Pero, espero que sí. Quise ser un escritor desde que era muy joven, entonces creo que me hubiera sentido defraudado conmigo si no lo hubiera conseguido. O, al menos, si realmente no lo hubiera intentado. Pero si lo hubiera intentado y funcionaba después de años y pudiera haber visto que eso no era para mí, espero que hubiera encontrado otra cosa. Porque eso les pasa a muchas personas. Quieren ser una cantante o un actores, o un escritor… y para la mayoría de las personas no resulta. Y espero que si eso hubiera pasado yo hubiera tenido el coraje de decir, “Ok, haré otra cosa. Me realizaré de otra forma”. Pero tuve suerte de que esta ilusión que tuve en algún momento de convertirme en escritor fue, hasta cierto punto, razonable.
Como profesor de escritura creativa, ¿alguna vez le dijo a una persona que no iba a llegar nunca a ser escritor?
No, nunca sentí que fuera mi lugar decirle eso a una persona. Que no iba a ser escritor. Y te diré por qué: porque me hubiera equivocado. Lo he pensado de algunos de los alumnos que he tenido ¡y dos de ellos se han convertido en escritores muy famosos! Entonces, yo sé que no soy un profeta. Por un lado, yo no era muy buen escritor cuando empecé. Realmente no lo era. No lo estoy diciendo con falsa modestia. Lo que logré lo he logrado por haber trabajado mucho. Y leí mucho. Y pensé mucho sobre escribir. Y después leí más y seguí escribiendo. Trabajé. Si me convertí en un buen escritor no fue por un don natural. Fue por la dedicación y el trabajo que hice. Y también por el amor que tengo a escribir. Entonces cuando me toca alguien que está terminando su adolescencia y no es muy bueno no pienso desanimarlo. A la larga, si no tienen talento, ellos se desanimarán solos. Encontrarán otra cosa para hacer que les quede mejor. Pero yo sé que ellos pueden hacer lo que hice yo, que es trabajar. Es muy posible que ellos podrán superar las cosas que observo como impedimentos para su escritura.

¿Qué problemas suelen tener y cómo se los corrige?
Esas cosas se las señalo y digo: “Tus personajes son muy débiles. Estás dependiendo de nosotros para crear el personaje y sos vos el que tiene que hacer eso. O, tu lenguaje es muy flojo y desprolijo acá: usás un adverbio cada vez que usás un verbo, no hace falta, es reescribir los verbos; tus oraciones no terminan más y se desangran hasta morirse”. Uno le puede marcar ese tipo de cosas sobre su trabajo y eso les ayudará. Pero nunca voy a decir: “¿Sabes qué? No eres un muy buen escritor y no vas a ser un buen escritor nunca”. No es mi lugar. No es mi lugar porque no puedo ver el futuro y sé que uno, si trabaja, puede mejorar.

¿Hoy en día usted trabaja con el mismo esfuerzo y dedicación como cuando empezó? Lo escuché decir que, con el tiempo, resulta más fácil escribir.
No, nunca es más fácil. De hecho, de alguna forma se hace más difícil, porque tienes que... a ver. Todas las cosas que escribiste son cosas que no puedes escribir otra vez. Y esas son cosas que querías escribir, que estuvieron dentro tuyo durante años. En cierto momento estás yendo muy profundo, y se hace más difícil porque tienes normas más altas con vos mismo. Cuanto más inmerso estás en la escritura sos más consciente del magnífico trabajo que hacen otros escritores. Es decir, podrías esforzarte más. Por eso se pone difícil. Uno tiene que seguir trabajando siempre y la escritura nunca se convierte en algo fácil.
Creo que hay algunos escritores que tienen una fluidez natural. Pienso en Joyce Carol Oates o John Updike: la escritura fluye en ellos de una manera que desearía ocurriera conmigo, pero no es así.

¿Siente el deseo de poder escribir más?
Sí. Desearía tener una imaginación más prolífica.

Tengo la sensación de que los poetas son más longevos que los narradores. ¿Es más difícil para un narrador seguir escribiendo en su vejez? Aunque hay excepciones, como James Salter, que acaba de publicar una novela a los 87 años.
En realidad lo pienso de una forma diferente. A mí me parece que los escritores de ficción, en realidad, suelen tener una vida más larga que los poetas. Puedo pensar en excepciones entre poetas, como Yeats o Auden. Pero, no sé, aun cuando estaba en su fervor religioso, Tolstoi aún estaba escribiendo ficción maravillosa. Dickens, [Anthony] Trollope, Updike escribían trabajos muy buenos en la vejez. Roth es un ejemplo maravilloso. Puede cambiar a través de los años, pero no estoy de acuerdo contigo en esto.

Para leer la nota completa: http://www.revistaenie.clarin.com/edicion-impresa/titulo_0_997100305.html


viernes, 4 de octubre de 2013

Las memorias de James Salter


El prestigio de James Salter, grande entre los grandes escritores norteamericanos contemporáneos, se ha cimentado con tan sólo siete libros publicados, hecho que atestigua su tardía dedicación a la escritura y el alcance de su ambición literaria. Salter es famoso por su prosa depurada, hecha de palabras certeras y silencios elocuentes. “Quemar los días", su único libro de memorias, publicado en 1997, cuando el autor contaba 72 años, ha sido descrito por John Irving como «mejor que muchas buenas novelas», y es uno de los pocos de su breve obra que permanecían inéditos en nuestro idioma.
Necesariamente incompletas y deliberadamente selectivas, estas memorias trazan el relato de una vida colmada de acontecimientos y gente extraordinarios: desde la fabulosa isla de Manhattan hasta los rigores de la academia militar de West Point, desde la vivencia extrema de un avión de combate hasta la efervescencia de Nueva York, París y Roma. Con una especial mezcla de candor e inteligencia, este volumen contiene algunas de las páginas más hermosas y memorables del autor, ya sean sobre la experiencia de volar o sobre sus otras grandes pasiones: Europa, las mujeres y la literatura. Por la agudeza y concisión de sus observaciones y retratos —de Robert Redford, John Huston, Nabokov, Irwin Shaw, entre otros—, por la relevancia de sus historias y la inconfundible elegancia de su planteamiento, “Quemar los días” es un libro profundamente cautivador sobre el proceso de aprender a vivir y a escribir, la naturaleza del tiempo, el deseo, el placer y las oportunidades perdidas.


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jueves, 3 de octubre de 2013

“Vida y destino”, de Vasili Grossman


“Vida y destino” emociona, conmueve, y perturba al lector desde la primera línea y resiste —si no supera— la comparación con otras obras maestras como “Guerra y Paz” o “Doctor Zhivago”. En la batalla de Stalingrado, el ejército nazi y las tropas soviéticas escriben una de las páginas más sangrientas de la historia. Pero la historia también está hecha de pequeños retazos de vida de la gente que lucha para sobrevivir al terror del régimen estalinista y al horror del exterminio en los campos, para que la libertad no sea aplastada por el yugo del totalitarismo, para que el ser humano no pierda su capacidad de sentir y amar. En la literatura hay pocas novelas que hayan logrado transmitir esto con tanta intensidad. “Vida y destino” es una novela de guerra, una saga familiar, una novela política, una novela de amor. Es todo eso y mucho más. “Vida y destino” es una novela coral que retrata como ninguna el alma del hombre del siglo XX.


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Nacido en Berdíchev (1905) en una familia judía emancipada, Grossman no fue educado en la tradición de sus antepasados. Ingeniero de profesión, empezó a escribir relatos durante su etapa universitaria y se centró definitivamente en la escritura a mediados de los años treinta. Apoyó la Revolución rusa de 1917, pero la Gran Purga estalinista de 1937 le afecta de cerca, en la persona de familiares y amigos y, muy especialmente, de su pareja. Ello no disminuye su compromiso con el destino del pueblo ruso y, a pesar de estar exento del servicio militar, se presenta como voluntario para ir al frente cuando estalla la Segunda Guerra Mundial. Sus vivencias durante el conflicto alimentan las que serán sus obras maestras, como las novelas “Vida y destino”, “Por una causa justa” y “Todo fluye”, así como el volumen de sus crónicas del frente, Años de guerra. El totalitarismo soviético acabará, sin embargo, destruyendo a Grossman al requisarle el original de sus textos y prohibir su publicación. Murió en Moscú (1964) creyéndolos perdidos para siempre.

miércoles, 2 de octubre de 2013

"Más afuera", lo nuevo de Jonathan Franzen


El enorme talento narrativo de Jonathan Franzen —cuya última novela, Libertad, fue el acontecimiento literario más destacado de 2011 tanto en América del Norte y del Sur como en Europa—, así como su inagotable afán por exponer la realidad con rigor y honestidad, se ponen de manifiesto en esta recopilación de veintiún textos de no ficción que incluye ensayos, artículos, reseñas y discursos escritos en los últimos años.
Bien sea narrando su violento encuentro con cazadores furtivos en Chipre, bien sea señalando de forma aguda y conmovedora cómo el abuso de las nuevas tecnologías está erosionando el sentido de la intimidad, Franzen cumple en cada uno de estos textos la promesa implícita de llegar hasta el fondo y no escatimar nada.
Así pues, estos ensayos dan fe de una inteligencia madura que se interroga sobre la identidad, el alcance de la literatura y algunos de los temas más relevantes de nuestro tiempo.
El título del libro hace referencia a la isla Alejandro Selkirk —denominada Masafuera hasta 1966—, el islote más apartado de los tres que componen el archipiélago Juan Fernández, situado a unos 800 kilómetros de la costa continental de Chile. Hasta ese remoto lugar, poblado sólo por aves, osos marinos y una veintena de familias de pescadores temporeros, se desplazó Jonathan Franzen para reponerse de una agotadora gira promocional, con la intención de releer “Robinson Crusoe” y depositar las cenizas de su amigo y colega David Foster Wallace, muerto dos años antes.


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martes, 1 de octubre de 2013

La aventura de la filosofía francesa (a partir de 1960)


En este libro Alain Badiou propone una serie de trabajos sobre filósofos franceses contemporáneos, es decir, aquellos que publicaron la parte esencial de su obra en el período que abarca la segunda mitad del siglo XX y algunos años del actual.
Badiou sostiene que, a pesar de las apariencias, la filosofía francesa de este período tiene cierta unidad: la herencia de Descartes y la batalla en torno a la noción de sujeto desarrollada por él; la incursión en la filosofía alemana en busca de una nueva relación entre concepto y existencia -que adoptó variados nombres: deconstrucción, existencialismo, hermenéutica-; la cuestión de la forma de la filosofía misma y su singular relación con la literatura; la profunda y severa discusión con el psicoanálisis.
Un recorrido por los programas de Sartre, Deleuze, Canguilhem, Ricoeur, Althusser, Lyotard, Nancy, Cassin, Rancière: autores y obras que para él constituyen la “filosofía francesa contemporánea”.


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Alain Badiou nació en Rabat, Marruecos, en 1937. Filósofo, dramaturgo, escritor y novelista, fue profesor de filosofía en la Universidad de París VII entre 1969 y 1999. Ha abordado la filosofía y la política, la historia, el marxismo y la vida contemporánea, pero siempre con la mirada puesta en el presente. Es autor de una extensa obra filosófica. Entre sus libros más destacados se encuentran Teoría del Sujeto (1982), El ser y el acontecimiento (1988), Manifiesto por la filosofía (1989), La ética (1993), Pequeño manual de inestética (1998), Circunstancias (2004).

lunes, 30 de septiembre de 2013

“Tela de sevoya”, de Myriam Moscona


"Mi abuela tiene un momento de lucidez antes de morir. Está al pie de su cama cuando suspira jalando aire como si fuera a encender un motor. La tomo de la mano y le digo al oído: 'Abuela, ¿me perdonas?' Voltea la cara y me dice: 'No. Para una preta kriatura komo sos, no ai pedron'."
La protagonista de “Tela de sevoya”, mexicana, viaja a Bulgaria en busca de la casa de sus padres, de su historia y del ladino, la lengua familiar que los judíos sefardís se llevaron consigo de la España medieval.
En esta obra se entreveran anécdotas, dolorosos episodios de infancia, sueños, poemas, testimonios, así como diálogos con una abuela malencarada y hablante de aquella lengua. El lector será testigo de momentos históricos que, entre otros, remiten a la expulsión de los judíos de España en el siglo XV.
Una novela que conmueve ante las descripciones que retratan la llegada de los migrantes judíos a sus nuevos países. Se trata, en suma, de una obra donde la dulzura del ladino, con su extraña ortografía, encabeza este relato a través de páginas rescatadas, transcritas, investigadas, imaginadas e incluso soñadas por la voz narrativa de esta novela, obra única en su género.


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viernes, 27 de septiembre de 2013

Salón Deutschland


Un salón donde se dan cita intelectuales puede ser un espacio de erudita circulación social, y también un microcosmos que permite entender la cultura y la política de una época. El que funcionó durante poco más de cuatro décadas en la casa del editor alemán Hugo Bruckmann pertenece a esta segunda categoría. Y en un momento clave de la historia moderna: desde fines del siglo XIX hasta 1941, en Berlín. Es decir, durante el momento de la mayor y más dramática transformación alemana. Por allí pasaron poetas, artistas y escritores (Stefan George, Thomas Mann, Rilke, Hugo von Hofmannsthal, etc.), y allí se vivió con estupor y desaliento la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, agravado por las duras condiciones que impuso el Tratado de Versalles.
Tras eso nada sería igual. Unos años después, la política ingresó en el salón. En diciembre de 1924 lo visitó Hitler; se hará un habitué, acompañado por Rudolf Hess y Alfred Rosenberg. El salón pasará a ser el punto de encuentro de aquello que en teoría no podía reunirse: una refinada élite intelectual y los líderes del nazismo, el mayor régimen criminal del siglo XX.  Traducido: arte, antisemitismo y genocidio, con el horizonte justificador del renacimiento de Alemania.
Gracias a una exhaustiva investigación, Wolfgang Martynkewicz ha escrito un libro fundamental que viene a llenar un vacío llamativo: el de la mutación del campo cultural alemán, con las urgentes preguntas que esto genera. ¿Hasta qué punto los intelectuales ayudaron a dar una entidad filosófica al nazismo? ¿Eran conscientes del riesgo que representaba el antisemitismo? ¿Lo entendieron como un mal menor, que había que tolerar por el bien de la nación? ¿O eran simplemente antisemitas y devotos de la Gran Germania y encontraron en el nazismo el camino adecuado? “Salón Deutschland” despeja con inteligencia y agudeza estos interrogantes. Y es también un prisma que permite entender las relaciones entre cultura y barbarie.


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jueves, 26 de septiembre de 2013

Antígonas. La travesía de un mito universal por la historia de Occidente.


El conflicto entre Antígona y Creonte representa un dilema eterno en toda sociedad: la obligación de la sangre irremediablemente opuesta a la ley de Estado. La tragedia “Antígona” de Sófocles no sólo sacudió la conciencia de los espectadores del teatro griego. A lo largo de los siglos ha dado lugar a incontables relecturas, desde la antigua Roma hasta el surrealismo del siglo XX. George Steiner –para quien “la crítica literaria debiera nacer de una deuda de amor para con la obra comentada”– reconstruye el proceso de transmisión del mito de Antígona en todas sus formas de expresión, no sólo en el teatro, la ópera o el ballet, sino también en la reflexión filosófica, antropológica y política. En las diferentes lecturas se perciben los cambios de ideas políticas y sociales a lo largo del tiempo, pero también la invariable admiración por el heroísmo incondicional de una figura que trasciende todas las épocas. Este libro es una de las contribuciones más extraordinarias a la historia de la cultura y una fascinante aventura lectora para todos aquellos que se apasionan por los temas más profundos de la humanidad.


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George Steiner es uno de los más reconocidos estudiosos de la cultura europea: un “maestro de lectura”, “un superviviente”, como gusta de calificarse. Ha ejercido la docencia en las universidades de Stanford, Nueva York y Princeton, así como en las de Ginebra, Harvard y Cambridge. Fue crítico literario en The New Yorker, The New York Times y The Economist. Entre los numerosos galardones con que ha sido honrado destaca el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2001.

martes, 24 de septiembre de 2013

La luz contra el centeno


La luz contra el centeno

La luz contra el centeno,
apretada y silenciosa,
la luz de los pobres.

Alguien canta
y no está lejos,
el camino
no es medida
ni el centro coronado.
La pobreza
tiene un
centímetro infinito.


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XXX

En una mordedura
de la tierra
iremos a parar
alguna vez,

cada cual
con sus mil novecientos
y pico.

Una mordedura
que cierre diferente
a como cierra una herida.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Letrados y pensadores


“Letrados y pensadores” ofrece el destilado de las innúmeras reflexiones acumuladas a lo largo del más de medio siglo en que intenté una vez y otra descifrar los testimonios que acerca de sus experiencias de vida nos han dejado un puñado de hombres de letras cuyas trayectorias cubren las doce décadas que corren entre ese año de 1794 en que el mexicano fray Servando Teresa de Mier intentó con resultados desastrosos usar sus saberes y destrezas de letrado del Antiguo Régimen para conquistar un lugar expectable en un mundo nuevo que aún no existía, pero cuyos perfiles su imaginación clarividente había sabido prever, y los que se abrieron en 1914, en que desde su nativo Nuevo Reino de León hasta el Río de la Plata, en las tierras antes españolas del Nuevo Mundo los -y ahora también las- intelectuales, que a diferencia de los tiempos coloniales encarnaban un tipo humano cada vez más diversificado, pululaban con la misma abundancia que en los países del Viejo Mundo que hasta poco antes, en ese campo como en tantos otros, habían sido tenidos desde esas tierras por modelos inalcanzables"
Tulio Halperín Donghi

Mediante la silueta biográfica de distintos intelectuales contemporáneos de las revoluciones que en los países latinoamericanos condujeron a la independencia, y de otros, hijos decepcionados de esas mismas empresas revolucionarias, el gran historiador Tulio Halperin Donghi establece la génesis y el posterior desarrollo de los pensadores hispanoamericanos. El siglo XIX, pródigo en héroes, militares y estadistas, también forjó una clase de protagonistas que proyectarían su influencia, como en los casos de Juan Bautista Alberdi y Domingo F. Sarmiento en la Argentina o Guillermo Prieto en México, en épocas posteriores.


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sábado, 21 de septiembre de 2013

Dos recomendaciones infantiles


Mis 10 primeros cuadros, de Marie Sellier

¿Un gato? ¿Una sonrisa? ¿Un pueblo que duerme?... ¿Una obra de arte?
Mira por los agujeros y descubre lo que hay detrás
A través de pequeños orificios en las páginas, el niño descubre los detalles de un cuadro, pero al dar vuelta a la página puede apreciar la obra como un todo. Hay muchas formas de aprender a contar, pero pocas veces nos encontraremos con una propuesta artística como ésta.

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Olivia y las princesas, de Ian Falconer


Olivia no quería ser una princesa, como el resto de sus amiguitas. Decía tener una "crisis de identidad" y no comprendía por qué todas las demás se disfrazaban con falditas brillosas, varitas mágicas y coronas. Cuestionaba, además, que siempre quisieran ser princesas rosas. ¿Por qué no pensaban en ser princesas indias, tailandesas, africanas o chinas? No entendía. Lo único que tenía claro es que ella no sería una de ellas. Buscaba un estilo más original, más moderno. Tampoco pretendía ser La niña de los cerillos referida por Hans Christian Andersen, como en los cuentos que le leía su mamá antes de dormir. Por las noches, imaginaba que podría ser enfermera o reportera, incluso en adoptar a niños pobres. Y de tanto pensar, Olivia supo exactamente qué quería llegar a ser algún día.


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viernes, 20 de septiembre de 2013

La “Prosa plebeya” de Néstor Perlongher


“Prosa plebeya” reúne los ensayos más representativos de Néstor Perlongher publicados entre 1980 y 1992 en diferentes revistas culturales. La recopilación hecha por Osvaldo Baigorria y Christian Ferrer gira en torno a las políticas del deseo, la deriva homosexual, la estética neobarroca, las formas del éxtasis, la guerra de Malvinas y la figura de Eva Perón.
Perlongher fue poeta, sociólogo, antropólogo y militante del Frente de Liberación Homosexual argentino, pero ante todo fue un pensador callejero. Durante toda su vida buscó respuestas frente al problema de la identidad. A su exploración de los márgenes y experimentación sexual de los primeros años le siguieron modos más extremos del abandono de sí con el objetivo de volverse ‘uno con el cosmos’. El deseo, a partir de la lectura de Deleuze, fue su punto de anclaje para pensar lo político: “¿Cómo abrirse a todos los flujos cuando el entramado institucional del imperio nos enseña a cerrarnos, a centralizarnos en un ego despótico, a no dejarnos ir, a controlarnos?”

Sus ideas continúan siendo contemporáneas y aportan una mirada lúcida sobre la realidad actual. Estos ensayos traen al presente una escritura caracterizada por un radical trabajo con la lengua, cuyo estilo forma parte inconfundible de un modo de ejercer la crítica que hoy sigue siendo revolucionario. 


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jueves, 19 de septiembre de 2013

“Líneas paralelas”, de Charly García


Cuando Charly García suba al escenario del Teatro Colón para ofrecer los conciertos del 23 y el 30 de septiembre, habrá sucedido además otro evento, diferente pero no menos original: estará en librerías “Líneas paralelas”, algo que en las propias palabras del músico se define como “una ciencia ficción musical by Carlos Alberto García Lange”.
Un dispositivo artie de dibujos, bocetos, collages, anécdotas, críticas y textos manuscritos. Un artificio urgente y posible. Charly García habla sobre música, sobre su propio lugar en el mundo del rock, su último regreso después del último estallido, el papel de las drogas, los psicólogos y la psiquiatría. Una puesta al día, un balance reflexivo de un Charly que, una vez más, se anticipa a lo que digan de él porque vuelve a reinventarse.
El prólogo, que firma Charly, es una declaración del núcleo duro que lo obsesiona por estos días. Si alguna vez intentó un concierto cuadrafónico, si en otro momento quería arrojar muñecos al Río de la Plata desde helicópteros como una puesta en escena de los vuelos de la muerte (idea arrumbada ante la oposición de Hebe de Bonafini), ahora su discurso apunta al número dos: dos líneas paralelas, un acorde sin la tercera nota. Un discurso en que caben desde Jimi Hendrix y Woody Allen hasta la ambulancia que se aleja por la avenida.


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“A menos que ignoremos la física, sabemos que las líneas paralelas no se tocan o cruzan y que su destino es andar por siempre cerca, pero no juntas. Una ambulancia aúlla, alguien la escucha y nota que el canto de la sirena empieza a decaer y hacerse más grave sin que haya habido ninguna modificación mecánica y sin haber sido manipulada de cualquier forma. El cielo no es azul. Una broma puede ser una tragedia entre la emisión de una onda sonora, lumínica o lo que sea. Lo que escuchamos en el caso de la ambulancia es algo que atravesó el aire u otros elementos como el agua, gases, etc. y en el trayecto cambió su afinación, su forma, su alma. En el espacio, los universos –o lo que sea que haya ahí afuera– todo es silencio. Hendrix podría estar tocando ‘Voodoo child’ y nadie lo escucharía. Ubiqué las líneas paralelas como las de un tren o pista de lanzamiento de naves espaciales. Estas dos líneas son notas: Sol y Re. Dos notas (número insuficiente para formar un acorde base inamovible de la música que fue, es... y ¿erá?) La tercera define el alma del acorde, ya que si es mayor, transmite alegría. Y ya que si es menor (un semitono abajo), provocará tristeza. En estas palabras introductorias les quiero hacer saber que esto no es una teoría para destruir la música y que todo lo que se ve o se escucha, hay que tomarlo como a una película de Woody Allen, donde algo absurdo o imposible se da por sentado ya que estamos ante un cuento de música-ficción y en el fondo una alegoría sobre los seres humanos. Sobre los que cantan, sobre los que escuchan, y la relación de esas líneas paralelas que se necesitan para existir. Y lo más importante: el espacio. Gracias por venir al estreno de “Líneas paralelas” (artificio imposible) Les dejo un pensamiento del ya citado Hendrix: ‘La música no son las notas, es el espacio que hay entre ellas’.”