martes, 19 de noviembre de 2013

La Biblioteca Personal de J.M. Coetzee


La editorial El hilo de Ariadna edita la Biblioteca Personal de J.M. Coetzee, que consta de la selección e introducción de doce clásicos de la literatura universal que lo han acompañado a lo largo de su vida. 

"La Marquesa de O. / Michael Kohlhaas", de Heinrich von Kleist 


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Durante una noche de «felicidad indecible» la virtuosa Alcmena es fecundada por quien ella supone su marido, pero que luego resulta ser el dios Júpiter, que ha asumido la forma de su esposo. Si no solo sus sentidos físicos sino también las fibras más profundas de su corazón fracasaron en decirle quién estaba con ella en la cama, ¿puede estar segura de algo? ¿Puede siquiera estar segura de que ella es ella misma? El narrador que cuenta la historia de la Marquesa sugiere oblicuamente que el autor del embarazo de la dama puede ser sobrenatural (el niño «cuyo origen, precisamente porque era más misterioso, también parecía ser más divino que el de las otras personas», palabras agregadas por Kleist cuando revisó el relato en 1810) y así, debajo del misterio banal de quién cometió el acto, puede surgir un misterio más hondo. Tras haber insinuado estas profundidades, Kleist cambia de rumbo. Pero, detrás de la solución feliz propuesta por la narración para el enigma de la paternidad del niño, el oscuro aire de inquietud de la Marquesa sugiere que el género cómico donde se encuentra inmersa puede no ser al que verdaderamente pertenece.
De la Introducción de J. M. Coetzee

«Pues en el fondo él sabe que dentro suyo hay algo oscuro, subterráneo, pre-olímpico, titánico-barbárico… que nada tiene que ver con la educación, el humanismo, la elegancia, el dorado término medio, el ideal, la Grecia de Winckelmann…, sino que es dionisíaco, poseso, extático-excesivo…». Thomas Mann


"Tres mujeres / Uniones", de Robert Musil


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Nacido en los años declinantes del imperio de los Habsburgo, Robert Musil sirvió a su Majestad Imperial y Real en una sangrienta conflagración continental y encontró la muerte durante la guerra todavía peor que siguió. Mirando hacia atrás, llamaría a la época en la que vivió «una era maldita». Para Musil, el rasgo más obstinadamente retrógrado de la cultura alemana era su tendencia a separar el intelecto del sentimiento. Le parecía que la educación de los sentidos a través del refinamiento de la vida erótica entrañaba la promesa de elevar a la gente a un plano ético más alto. Deploraba los roles rígidos, que se extendían incluso al ámbito de la intimidad sexual, confirmados en su vigencia por las costumbres burguesas tanto de hombres como de mujeres. «Como consecuencia, se han perdido y sumergido regiones enteras del alma», escribió.
De la Introducción de J. M. Coetzee

«Todavía más que la de Proust, la sensibilidad de Robert Musil era hermafrodita. Se podía centrar en la corriente de la conciencia femenina inarticulada o subliminal, en las palabras de las mujeres cuando hablan consigo mismas, con una exactitud y una osada precisión que ningún otro escritor moderno ha alcanzado». George Steiner

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