miércoles, 16 de julio de 2014

LA OBSCENA SEÑORA D., de HILDA HILST

A algunos, el Mundial los pone nerviosos, los vuelve vulnerables. A otros, las faltas de ortografía. Hillé, la protagonista, desarmaría a esas personas: sonalgunos órganos los que de pronto sienten más, se convierten en vulnerables. Fragmenta, penetra, escarba los rincones del cuerpo, sea un hombre, una idea, una palabra común, taboo o la vida entera.
Pero vayamos a lo concreto: no es casualidad que la poeta Hilda Hilst, a comienzos de los 80, decida dejar de cortar los versos, probar la narrativa, y que de ahí salga este torrente de situaciones apoyadas en una conciencia, pareciera un largo párrafo, pero por poeta cada frase tiene una pausa propia.

El drama se alza es la muerte; saber si se soporta; enviudar. Acompañamos a Hillé en la soledad o el descargo, los gritos a los vecinos, mostrarle al niño las partes íntimas, la locura, a veces conversando con otras voces, melancólica y sexual, como con su amado y difunto Ehud o con su padre.

La novela de la hija incestuosa de una cruza entre la interiorista Clarice L. y el obsceno Osvaldo L, por decir un ejemplo grosero. La novela excita porque antes perturba, toca el punto distraído del pensamiento. Preguntarse, hasta la demencia o la epifanía, por la muerte, el amor, algún Señor, poder manipular los sentimientos, los deseos más profundos, la vergüenza; en fin: ser vulnerables.

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